
Mientras el Gobierno de Javier Milei exhibe la llegada de los F-16 como símbolo de recuperación de la Defensa, las Fuerzas Armadas atraviesan una crisis marcada por casi $49.000 millones de recortes, el éxodo de más de 18.000 efectivos, salarios deteriorados y una obra social con una deuda millonaria. La paradoja se profundiza cuando el ajuste también alcanza al funcionamiento cotidiano: menos recursos para logística, mantenimiento y equipamiento, mientras crece el endeudamiento de los militares y hasta se restringe la posibilidad de que expresen públicamente sus reclamos.
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